La huella ecológica

El mensaje podría ser “ayuda al medio ambiente”, “no rompas la capa de ozono”, “contra el cambio climático” o “por un consumo responsable”. Pero no. “Reduce tu huella ecológica”.

‘Huella ecológica’. Por la terminología sabemos de qué puede ir la cosa. Por los 7 minutos y medio de cortometraje (que si no has visto, puedes ver aquí), quizás un poco más. Corregir hábitos diarios de consumo para… ¿Cuidar el medio ambiente? ¿Pero por qué? ¿En qué repercute un grifo abierto, una luz encendida o moverse en bicicleta? A simple vista no se nota la diferencia.

Pero la hay.

Vamos al principio: ¿qué es la ‘huella ecológica’?

La Huella Ecológica es un indicador que muestra el área que necesita una persona (o la población de un lugar, o la humanidad entera) para abastecer sus necesidades en recursos, así como para asimilar sus residuos. O como explica FACUA: qué superficie terrestre necesitaría una persona para mantener su tren de vida.

El problema viene cuando esa superficie que consumimos es mayor que la que el propio planeta puede ofrecernos: a esto lo llamamos biocapacidad. La biocapacidad es, tal y como la define el Fondo Mundial para la naturaleza (WWF), la “medida del área biológicamente productiva existente, capaz de regenerar los recursos naturales bajo la forma de alimentos, fibra y madera, y de secuestrar dióxido de carbono”.

Ambos indicadores, la Huella Ecológica y la biocapacidad, se miden en hectáreas globales (hag), que representan una hectárea biológicamente productiva a nivel mundial.

Aquí es cuando aparece el problema: la Huella Ecológica mundial es mayor que la biocapacidad del planeta desde 1970, y el déficit ecológico (la diferencia de hectáreas globales entre ambos indicadores) cada vez es mayor. Y cuanto mayor sea la Huella que dejamos, mayor será el impacto ambiental para el planeta.

Necesitamos 1,7 planetas

Según datos de Global Footprint Network (últimos datos de 2013), a cada persona nos corresponderían 1,71 hectáreas globales. Sin embargo, la Huella Ecológica per cápita es de 2,87 hag. Eso significa que estamos utilizando de media 1,7 planetas, en lugar del máximo de uno que deberíamos y que corresponde a la biocapacidad que tiene La Tierra.

Se puede acceder a los datos completos y desglosados desde 1961 hasta 2013 pinchando aquí.

Según la WWF, la Huella varía en función de la cantidad de bienes y servicios que consumen los habitantes, los recursos naturales empleados y el carbono que se genera para suministrar esos bienes y servicios. Y estas variables son muy distintas en los distintos países del mundo y, por tanto, la Huella Ecológica per cápita varía en función de los distintos niveles de consumo de cada país.

El país que más Huella Ecológica genera (en hectáreas globales totales de la población) es China, aunque se puede intuir que se debe a los más de 1.393 millones de habitantes que tenía en 2013. La Huella per cápita de este país es de 3,6 hag, y a pesar de estar por encima de la media mundial, no es el que más consume por persona.

Se trata de Luxemburgo, que con 13,1 hectáreas globales por persona encabeza el ránking de países según su Huella Ecológica per cápita. En el otro extremo de la lista se encuentra Eritrea, con 0,5 hag por cabeza, muy por debajo de la media mundial.

Se puede acceder a los datos completos y desglosados de Luxemburgo desde 1961 hasta 2013 pinchando aquí, y de Eritrea desde 1993 hasta 2013 pinchando aquí.

En base a los datos de la Open Data de Global Footprint Network, si todo el mundo viviese como un ciudadano medio de Luxemburgo, necesitaríamos 7,65 planetas como el nuestro para abastecer nuestro consumo; mientras que si viviésemos como un ciudadano medio de Eritrea, necesitaríamos tan solo 0,29 planetas. Si tomamos como ejemplo la mayor potencia mundial, EEUU, que deja una Huella Ecológica de 8,6 hectáreas globales, necesitaríamos 5 planetas  para poder abastecernos.

¿Cómo reducimos el déficit ecológico?

Llegados a este punto tenemos dos alternativas. La primera es conseguir 1,7 planetas como La Tierra (y siempre que los países que menos consumen no suban el listón para no quitar recursos a los que dejan mayor Huella). La segunda (y más viable) consiste en tomar medidas por parte tanto de gobiernos como de consumidores, sobre todo en países con altos niveles de vida, para reducir nuestra Huella Ecológica y, por tanto, el impacto ambiental que producimos. Y como ciudadanos y consumidores, nuestra responsabilidad se basa en gran medida en adoptar hábitos de consumo responsable, que se pueden encontrar a través de FACUA y del Centro Nacional de Educación Ambiental (CENEAM).

Algunos de estos hábitos se muestran en ¿Diga?y consisten en reducir el consumo de electricidad, agua y combustibles, ahorrar en papel, reducir, reutilizar y reciclar, y utilizar medios de transporte públicos o que no contaminen. En general, se trata de evitar lo innecesario.